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jueves, 26 de noviembre de 2015

PARAÍSOS OLVIDADOS



I PARTE

Un hongo nacía en medio de la alcoba
Pensaba en inventar el paisaje artístico más abstracto de la historia

Yo lo miraba con unos anteojos de oso perezoso y lo vislumbraba flotando en el eter

En cada palabra que decía, en cada sensación de percibía había un silencio lleno de sombras embarazadas de fantasías, sueños pendientes a realizar

Una voz que hablaba de la frustración; era la cascada que al romper los huesos del día, nos encontró desnudos en medio del océano, parados en un iceberg invisible...

Ahí leiste los versos de todos los poetas y cuando el trueno bramó, una oleada de humo de todos los colores, inundó nuestros pensamientos...ya no estábamos muertos...

La muerte se disfrazó de bailarina de tango y se puso a bailar como Drag Queen en medio de los establos. 

Hubo sangre que nos bañó el instante desnudo hasta enrogecer los espíritus más dormidos, de nuestros mundos internos...

Si hay una manera de salir de aquí -me dije- será nadando por las venas de una veddette, de las sábanas húmedas de una pareja de amantes que hacen el amor hasta desaparecer en la faz del horizonte...Del abismo de la profundidad de sus ojos dorado-plateados de cada uno en el otro...

¿Y el problema cual es?
Al final de cuentas ¿porqué tanta resistencia al amor?
Porque el amor está tan listo, extasiado, lúbrico, que tu no le abres la puerta por miedo a qué una avalancha peor a la avalancha de Armero, te arrastre hasta la trágica sepultura de tus huesos y nadie, absolutamente nadie encuentre ni llore ni rescate ni recuerde tu cadaver...



II PARTE

El ego es tan humilde e insignificante que nosotros -"los todopoderosos"- nos empeñamos en hacerlo crecer para que sobre todo no desaparezca. Sentimos que si lo soltamos, nos estamos traicionando. 


Como la madre que aprieta a su hijo en su pecho, son las ideas, las creencias que por más de qué nos quieran convencer de lo contrario, nosotros -"los todopoderosos, los todosantos, los omnipotentes, los omnipotentes- nos empecinamos, neciamente; uno, dos, tres...infinitas veces, en defender hasta la muerte, en estar dispuestos a morir en aras de su superviviencia. 

Por la máscara teatral que lo sostiene, y le da existencia. 

Por el orgullo que lo hace sentirse Diós de todos los dioses, amor de todos los amores, pensamiento original, fuente de éxtasis y potencial creativo donde todos los caminos confluyen y atraviesan...

Mientras qué la soledad se ilumina y se ahoga, pensamientos de suicidio en el mar, horas quebradas y un cinturón de castidad en tus sesos...(suspiro..)

Hay tanto por decir qué la palabra nos limita




III PARTE

Estamos en el clímax del silencio, allí dónde el misterio nos arrulla y el alivio es ese instante dónde el agua bendita es eyaculada por un demonio pleno...

No hay vacas volando, es la luz un escondite de pájaros y marraneras voladoras. Es el tiempo una espada para cortar el infinito, en pedazos de universo...

Es el canto al camino de piedras y hortalizas, y maremotos que lo quiebran hasta hacerlo puré de escombro, de ruina bendita, recodada en la memoria del reptil, del dinosaurio, del fósil que piensa por si mismo y tiene vida propia.

Vida que se ahoga en el Nilo, vida que busca en el altar de los más desconcertantes olvidos, en el cajón de los fracasos amorosos, de las llaves de cupido y sus flechas suicidas, una nota musical, una recompensa para el sabio interno...




PARTE IV

¿Habremos de hallarla?...O será solo, un recorrer los mismos accidentes, los mismo decretos...

¿Habremos de hallarla?...O el buda de los hombres resignados nos traicionará y nos convertirá en seres impuros, solo dignos de lo más miserable de nosotros mismos, buscando siempre afuera, lo qué con tanto rencor, odio, frustración y desespero, esperamos encontrar -después de tantas masacres violentas y cruentas batallas perdidas- lo que con tanto amor nos espera dentro nuestro...

El huracán de las pasiones nos devorará vivos si no ponemos un alto a la miseria del caos que nos controla y descontrola -querrámoslo o no/sintámoslo o no/creamoslo o no- 

La vida es pura vida, no la confundamos con la muerte..




La muerte se ríe de nosotros a carcajadas simiescas, a auditorios y estadios enteros de carcajadas simiescas, a multitudes de voces abstractas, de sociedades y culturas ambiguas, con formas de pinceladas difusas, que se burlan a carcajadas simiescas, de nosotros mismos, humillándonos hasta la médula, hasta el incendio qué nos hace dignos, y bellos y auténticos...

Falsa trampa esa de querer pertenecer -como borregos entregados- al caudal de la miseria

Mejor que eso unirse a la totalidad de la vida que nos habita en hermanos del alma, portadores de huesos recogidos de un olvidado paraíso, que nos recuerda con señales sutiles, una y otra vez, lo tanto qué valemos...Lo tanto qué -irreconciliable e irremediablemente- por verlo tan grande, tan olímpico e inalcanzable, optamos por dejar fuera -es mucho más fácil- que asumirlo dentro.

Y nuestro ego no va querer asumirlo dentro porque le quitarían su lugar, su pieza incorruptible, su pequeña parcela de cultura, lugar, raza, idioma, signo zodiacal, escuela, escuela iniciática, maestros, novias, pasados, heridas, memorias, partidos políticos, nacionalidad, equípo de futbol, ideologías; y muchos otros etceteras...








jueves, 10 de septiembre de 2015

DIARIOS DE UN MENDIGO


-¿Me vas a querer siempre Augusto?– Te voy a querer siempre, Andrea. Le respondí cobardemente. Pero ¿Qué tan cierto era? Si alguna vez, en otra existencia, en otro mundo más llevadero, vivíamos hasta el cansancio, como dos extraños en un jardín imaginario, donde juntos nuestros cuerpos obstinados, se agotaron en dopamina, y un Dios travieso transmutó nuestros defectos en virtudes mágicas. Si fue así ¿Qué iríamos a hacer entonces? ¿Odiarnos? porque ella me amaba y yo la amaba a ella. Pero ¿Y las mariposas en el cerebro? ¿Las cosquillas en la panza? ¿Por qué ahora solo sentimos lombrices y espinas carcomiéndonos? –nos preguntábamos horrorizados-. 



La ecuación idílica, como no era de extrañarse, se equilibró en el caos, en el abismo del no retorno. Y dejarnos vivir por una vida abrupta, por los recuerdos de un cauce mundano, no era otra cosa que resignarse a esta, a la presente, con la escusa del tiempo y su paso. (Existir, como siempre, era la acción de morir, residir en la vida, padecerla) ¿Qué iríamos a hacer entonces? ¿Divorciarnos? ¿Cómo? ¿Si nunca nos habíamos casado?



En los asuntos de la vida –pensaba- uno se muere y ya, el alma mater de lo absurdo le echa en cara su fatídica decepción, le pone al frente un espejo para que se escudriñe la mirada de ternero degollado, y en forma de amenaza es como si le dijera: “¿Le dolió mucho mijo? Ahh pobrecito…mire a ver, sea hombre y vuelva a nacer para que vea lo que le pasa”. Quizá –suelo pensar con vistos esotéricos- quizá sea por eso que este planeta tenga tanto verde y no es que Dios lo pinte así porque quiso hacer una obra bonita, es que en un espacio tan hostil, no son tiempos para ser humano y más vale nacer como árbol, como pasto, o como un vegetal que como hombre.


Me sumergía en estados nihilistas, de esos en los que uno no tiene ganas de moverse, ni siquiera de respirar. –No te pongas bravo- Decíame Andrea con dulzura –No, no estoy bravo-, le reprochaba yo con desidia. –Tu estas mal, yo se que tu andas mal- Insistía. –No estés triste porfa, no quiero que estés triste- Me abrazaba. Yo la miraba, me acomodaba y le decía con ironía: –¿Triste? ¿Triste yo? Como así no te entiendo, yo no conozco la tristeza, yo solo se de la alegría. ¡Yo soy una persona muy feliz! Nací para eso. Mírame. Parece como si no me conocieras- Seguido esto de una que otra risa breve y furtiva. Y ese tipo de actitudes cínicas, según mi pícara intuición, sospecho ahora que cumplían una función magnética, algo así como un transistor de partículas de esos que manejan los físicos cuánticos (Ironía + ternura = atracción)


Cuan más absurda era la existencia, más oscuro se hacía el porvenir. El amor era como un huevo cocinándose, de vez en cuando tocaba apagar la estufa para que no se quemase. -¡Andrea, apaga la estufa! ¡Apágala!- Yo le decía con horror. A lo que ella replicaba –Hay Augusto, no seas mamón, a mi me gusta así!-. Finalmente aprendí a comer las tostadas, los huevos, la carne y todo quemado, aunque no me gustasen, y uno termina aprendiendo a hacer que le gusten, pero no es que le gusten propiamente. La rendición aprehendida consiste en dominar el arte del autoengaño. Es que más vale renunciar a la motivación que pueden acarrear esos detalles intrascendentes, porque la renuncia conlleva al ensimismamiento produciendo el efecto de la anestesia, o el de la droga o el alcohol. Y eso mismo pasaba con el dinero, las compras, los viajes. Eran como la droga y el alcohol, me hacían entrar en un estado de desdén irónico. Ese desdén era un escudo contra la alteración de la inacción, para no interrumpir esa tranquilidad nociva que implica la falta de asombro ¿Qué era entonces lo dignamente admirable? ¿Esta que tengo acá? ¿Mi amiga del alma? ¿La inasequible felicidad? ¿Cómo combatir el tedio, el sin sentido, la falta de ganas para levantarse o incluso para moverse? Escribir, escribir y escribir…


Así pues me puse a escribir, pero no fue suficiente, nada me salía. -Eso de la inspiración- pensaba –valiente fraude-. Duraba días enteros sin salir del apartamento, sin ganas de hacer nada y Andrea lo hacía todo: el oficio de la casa, el mercado, trabajar, traer el dinero, los recursos e incluso las ganas para salir de ese embrollo infernal: –Augusto, hoy es viernes, me dieron el sábado libre. Vámonos, vámonos de viaje, estoy harta de esto- Yo la miraba desconsolado, pero, por más esfuerzos que hiciera, se me notaba en la cara de que no quería, y no se porqué, algo faltaba y esa carencia lo mataba uno a largo plazo. –¿Irnos? A donde- Replicaba. –No se, a donde sea, esto no puede seguir así-. Pero nunca nos íbamos porque yo le sacaba excusas idiotas tales como la falta de dinero, o la inundación de las carreteras y terminaba convenciéndola, o más bien desilusionándola hasta el delirio: –¡Para donde vas mujer!- Le balbuceaba mientras ella golpeaba la puerta de la entrada y salía roja de la piedra. –Me niego a perseguirla- pensaba –Ella necesita a un hombre atento, afectuoso, responsable y capaz de mantener un hogar y un matrimonio en paz. Yo no hago eso, y si carezco de esa facultad ¿Por qué diablos sigue conmigo? –Me preguntaba atónito.


Miraba televisión echado como un oso en la cama. -En las noticias siempre muere gente inocente- me decía. -Yo miro por la ventana y la gente aún sabe sonreír-. Sentíame solo y vacío, eso que uno se deprime hasta los huesos, como si tuviera gripa o una fiebre endiablada. Si, es cierto que a cualquiera le pasa, pero me puse a beber como loco, y eso no le pasa a cualquiera. La gente es libre, ellos tienen el control total de sus decisiones, de sus fatalidades personales, son dueños de su voluntad. Ellos son responsables de sus actos, pero yo no. A través de la ventana el paisaje me hacía muecas, entonces vomitaba y bañaba de aguardiente la cabeza Roberto, el poeta de la cuadra. Yo me reía a carcajadas de ese mendigo de barba blanca y ruana sucia, lo señalaba con el dedo cada vez que pasaba recitando versos populares, como si así le fueran a dar dinero.


Saboteaba su trabajo. Con cinismo y divertimiento yo lo remedaba. El rufián sacaba de su costal mugriento, cualquier tipo de arma u objeto sólido que tuviese a la mano y me lo mostraba con amenaza. Yo disfrutaba el espectáculo de sus reacciones. Hasta que un día sacó una botella y me la lanzó rompiendo el vidrio de la ventana. Yo lo miré y me seguí riendo a carcajadas, esa vez le seguí apuntando con el dedo. Un vigilante salió del hotel de enfrente y lo echó a patadas. Andrea llegó a la hora. Le echó un vistazo despectivo a la ventana rota. Yo me seguía riendo como un vil maniático. 


Andrea empaco su maleta y se largó para donde su madre. Al rato volvió, quiero decir, a la semana. O sea, aunque harta de todo, bucólica, regresaba. Terminaba volviendo porque en el fondo le hacía falta y le daba lástima dejarme solo y abandonado a mi suerte sin rumbo. ¿Cómo diablos, con que ánimos, con que dinero habría yo de pagar los servicios? ¿Tendría que salir de este cómodo asilo a pelearme los basureros de la cuadra con Roberto el mendigo?



Andrea era compasiva y comprensiva, porque sabía del huracán que podría gestar si me dejaba solo. Pero no solo por eso, se me hacía que aquella digna dama entrevía algo extrasensorial en los ojos de este pobre infeliz con el que residía y la asediaba. Quizá, pero solo de a momentos, se retaba a sí misma para perseverar conmigo, y se sorprendía cada vez que ejercía el poder de entenderme. No se como, pero eso lo hacía hábilmente: aprehender a cabalidad los códigos del vagabundo. ¿O es que más bien le daba lástima? No, estoy seguro que le causaban una fascinación extraña.



El trabajo era aburrido, arduo era hacer el oficio casero, levantarse temprano y “camellar” hasta tan tarde para que le pagasen un sueldo malo, y tras de eso hacer las compras y las vueltas de los bancos. La vida en sí era triste y aburrida. Yo era un bufón entretenido, un tanto distraído, ingenuo y atrevido en el campo de la seducción, y eso a ella le encantaba: –Me dices que soy un poco particular, que soy un drogadicto enfermo, que no tengo remedio y ni lo quiero tener, pero sigues estando conmigo- Sospechaba, quizá, que a los ojos de lo moralmente aceptado, mi peor defecto era una virtud endiablada; eso de ser un espíritu pesimista que no le importa bañarse ni lavar la ropa.


Y sospechaba entonces que ese modus vivendi terminaba siendo, en últimas, una suerte de afrodisíaco efectivo cuyo efecto liberaba dopamina y era potencialmente irresistible. Quizá, en esa ambivalencia radicase el atractivo masculino. Y es que no cualquier hombre por ahí anda estimulando esta “hormona perezosa” tanto como el vagabundo mantenido. Porque para ser vagabundo y mantenido a la vez, hay que proveer un encanto lo suficientemente melancólico e irresistible como para suplir el precio de la vivienda, los servicios, las facturas y demás cosas que las mujercitas inteligentes juzgan de “superficiales” e “intrascendentes”, cuando ciertamente son estas sus más profundas preocupaciones.


Andrea terminó conmigo, si mal no recuerdo, un día de Agosto, en que el cierzo desplomó ciudades. Se fue con otro porque, según sus palabras, yo ya estaba “demasiado chiflado”, porque dique sufría alucinaciones, me gustaba el sadomasoquismo y otro tipo de rituales macabros. Pero la causa real fue otra: el viejo de la cuadra tomó venganza. Entró al apartamento a hurtadillas con un bate en la mano y unos cucos de mujer. Me amordazó con cadenas el infeliz, me quitó la ropa y se emborrachó al frente hasta vomitárseme encima, me dio unos cuantos palazos moreteándome todo el cuerpo.


Luego me desamarró, me echó en el suelo, colgó los cucos en la silla y dejó el apartamento con aspecto de escena grotescamente gótica. Cuando llegó Andrea no me dejó explicarle lo sucedido: –Augusto, yo ya no puedo seguir así, me he resistido ya demasiado, no puedo creer que hallas traído viejas a la casa, ¡Bastardo asqueroso! no me vengas otra vez con el mismo cuento de ese tal Roberto que no hay mendigos ni poetas en la cuadra y tampoco hay dinero suficiente, la situación esta demasiado mala como para a estas alturas estarle pagando un psiquiatra”



Hasta ahí acabó mi encanto. Todo volvió a ser gris como antes. Roberto se salió con la suya. Me tocó bandearme junto a él los basureros de la cuadra. Aprendí en vano, los códigos de la calle, al comienzo me fue difícil mientras el cuerpo se adaptaba al frío y al hambre. Progresivamente fui adquiriendo un aspecto de indigente y me fui pareciendo cada vez más a Roberto. Mi barba empezó a crecer y tuve que arroparme con ruanas sucias, tanto así que hasta los demás indigentes nos confundían y me llamaban por el nombre de “Roberto el trovador”.


Practiqué el hurto y la pugna, atraqué a uno que otro despistado. Pero eso no importaba, lo que sí me afectaba es que de vez en cuando tenía que enfrentar a Roberto. Un día terminé postrado a sus pies con un bisturí amenazante en mi cuello. No me mató porque le supliqué que no lo hiciera. No me gusta morir de esa forma porque uno siente mucho dolor. Si hubiese tenido una pistola hubiese preferido que me matase, antes que tener que lidiar con su orgullo, besarle los pies y convertirme en su siervo, cosa que terminó siendo así.


Andrea me dejó y se fue con otro, la luna se calló del cielo y yo me convertí en el león domado de Roberto. Después de unos mese bajo su yugo, de repénte hubo una pausa en el camino y Roberto dejó de hablarme. Sentí que algo me faltaba ¿habríame creado cierta dependencia? ¿tendrá esa actitud algo que ver con el lado homosexual? tuve que regresar a él. Pese a su indiferencia, y después de mucho insistirle que me explicase el por qué de tanto desdén, me dijo que tenía algo que confesarme, pero que la única forma era que yo tenía que escribir la historia de cómo lo conocí, que porque tenía que resolver un misterio. Así que le dije que no que eso era imposible, que yo no sé escribir. El viejo me agarró del cuello y me dio un golpe en la espalda. Echo sobre mis piernas un cuaderno y una pluma. Me extorsionó con un cuchillo, me hizo beber alcohol y me obligó a escribir.


Cuando terminé de escribir esta locura, no recuerdo muy bien cuanto me demoré, quizá fue cuestión de una hora, o de meses, o de años, el caso es que, durante este tiempo, siempre sentí a Roberto al lado mío, con expresión amenazante y poniéndome el bisturí en el cuello, a punto de degollarme. Fue entonces que terminé de escribir el último párrafo, cuando sentí que la mano de Roberto desapareció, volteé a mirar y ya no estaba. ¡Había desaparecido como por arte de magia! Sentí alivio. Un alivio profundo. Desde entonces no lo volví a ver ni a saber nunca más de él. Me dediqué a exportar artesanías y empecé a tener gratos ingresos. Yo no se, a veces pienso que a lo mejor Andrea tenía razón, yo era un loco desquiciado y quizá Roberto no era otra cosa que un amigo imaginario, un reflejo de mi personalidad, un alter ego o algo por el estilo; eso lo explicaría un psiquiatra mejor que yo. Pero yo estoy seguro que si Andrea hubiese tenido dinero en ese entonces, no hubiese dudado en llevarme al manicomio, y esta historia nunca hubiese podido ser parida, o, por lo menos contada de esta forma tan hostil y alternativa.


viernes, 21 de agosto de 2015

EL CETRO DE ARTEMISA




En esta cueva de marciano, la luz es un misterio que me llena. Hay, entre la maleza, de una roca humedecida por los años, que adquirió una forma de gárgola, grotesca, las manos de una dama, una hermosa doncella.



Y en el antifaz del destino que anuncia un nuevo día, la lluvia de Marzo, nos inundó los cuerpos hasta hacernos flotar en nubes coloridas..



Tiempos, esos, los de entonces, los remotos, los de los abuelos más antiguos. Tiempos esos, muerte genocidio torturas y fuegos sin prender ni un tronco.



Se perdió la aurora y en cambio nos quedo, la luna roja. Y en el encuentro entre dos caudales supersónicos, la vida se nos fue, como un salmón dormido en el vacío del fondo más hondo.

Tiempos esos y sin embargo, la rutina de las calaveras, los naufragios del silencio, el movimiento de cadera de la esperanza rígida, y los corazones abrazados a una intrepidez mortuoria: los abismos del miedo. La tiza dónde se labró tu nombre y el collar de lujosas soldaduras, aún conservan su brillo original en el estrado intelectual de los poetas, en el cadalso emocional de las doncellas, en las estrellas militares de la tierra que aún nos vigilan y en el libro sagrado de los muertos de risa fúnebre...



Los ánimos se embetunan los huesos, con esponjas mágicas, y el amor es un pellejo que se arranca al zorrillo. Y el bosque se pierde en cada hoja que cae, y la mirada de los ruiseñores, salta como saltamontes en la cabeza de los monjes, y las ideas espirituales. 

El horror se disfrazó de ternura y la puerta de Kafka, quebró todas sus cerraduras. Es el intante de los paraísos decepcionados, es la muleta que cargó a Diós por millones de años. Es el eco de la música de los planetas alineados. 



Y mientras caen por encima de nuestros cielos una bandada de hojas secas, con frases de libros sagrados. El Bagahabad Grita y su trueno alcanza horizontes inimaginados...


Aquí estas tú, con tu cetro de Artemisa, con tus labios de huracán femenino y tus dotes de hechizera consagrada. Aquí estas tu, y mi existencia se halla anulada por completo, Mi existencia se hizo polvo, ha desaparecido, se desintegró en pedazos infinitos y efímeros.

Aquí estás tu, y el aire, y sus partículas me succionó completamente por el suspiro de tu presencia intrascendente





miércoles, 19 de agosto de 2015

CIUDAD MINIMALISTA


La calle oscura, nada pasa. Los árboles, el aire, los autos, mi sombra proyectada por la luz de los faros; me asisten como espejismos. Nada pasa. 



Como peregrino de la rutina nocturna, como un zombie en la vigilia, sigo los pasos de la cera escuchando música decadente. Pasa una hora, dos, y el paisaje no cambia. 



Atrapado en este retrato urbano, las cuadras se despiden para introducir otras que son copias exactas de las anteriores. Las cuadras son cuadradas, los edificios son oblicuos y las calles amorfas. 


No es de extrañar que cuando llegue a mi casa, mi madre se halla convertido en un rombo, mi padre en un círculo y mi hermana en un triángulo. Nada es simetricamente innegable cuando se trata de un mundo minimalista.



Pero la calle sigue oscura, yo no llego a mi casa. Los árboles, el aire, los autos, mi sombra proyectada por la luz de los faros; me asisten como esencias vanas. El silencio es la melodía de mi oído ¿Que es lo que pasa cuando la realidad se vuelve tan conceptual, cuando todo se reduce a una imagen? ¿Que es lo que pasa cuando nada es lo que pasa?


martes, 18 de agosto de 2015

IMPRUDENCIA CREATIVA




Acabase la noche, y la luz penetraba mi alma como un veneno, como una mordida de serpiente o un pinchazo de espinas. Se levantaba el calor, florecían los ruidos silvestres; el gorjeo de los pájaros se confundía con el rugido del águila, y el chillido de las chicharras sucumbía ante los pasos del león. 




Este cuento es un desgarro –pensaba- testimonio de un científico que se adentró en los abismos más selváticos de mis miedos, tierras hostiles donde florecen cunas lapidarias. Cuando húbose apagado la noche, mis sentidos se exiliaron; la luz era un ejército de bárbaros que me querían secuestrar para hacerme daño, sentí náuseas, hube de internarme en una cueva y esperar, esperar y esperar. 



¿Cuánto? Quizá días, o años o simplemente vidas, hasta un nuevo nacimiento. Me decía: Oh pero ¿habré de hibernar aquí hasta podrirme? Estaba oscuro, criaturas de lo ignoto me espiaban, el fango se alzó hasta mi cintura y la tormentosa melodía no cesó. 



Los bárbaros hicieron un asentamiento afuera. Los murciélagos del tiempo se alimentaron de mi alma dejando toda mi esperanza anestesiada. El fango me abrazó hasta la cabeza. Y, de pronto, el remordimiento se hizo agua y el graznido del silencio penetró mis huesos: 



Un escalofrío parecido a un electrochoque helado, escuché las voces; el ensimismamiento de Dios y una paz crepitante, tiránica pero amigable baño la costa de mi angustia. Por lo menos –pensaba- la luz ya no me alcanzaría. Estoy bien aquí, heme salvado. Creceré como un cactus y nadie podrá tocarme, ni volver a herirme.



-No entiendo- dijo Miguelito, mi hermanito de 8 años. -¿Por qué tus historias son tan malas? Las escribes porque quieres que las escuchemos, pero ni a papa si ni a mamá les interesan ¿Para que las escribes?- 



Algo me hirió, no se muy bien que fue, quizá el orgullo o algo parecido, quise reprocharlo pero ¿Cómo reprochar a un niño de ocho años?. –Miguelito, si no te gustan mis historias entonces no las oigas, y punto-. 

A lo que el niño respondió –Las oigo porque ni papa ni mama le interesan, siempre están muy ocupados trabajando o haciendo otras cosas mas importantes y como yo soy el único que puede escucharlas,las oigo- 



Esto me dolió aún más, sentí la necesidad de defenderme aunque no hubiese habido ataque alguno. –¿Ah entonces es por lástima que me escuchas? Sabes que Miguelito, no me vuelvas a escuchar ni a hacer caso cuando te invito a que opines mis escritos, niñito necio e hipócrita-



Miguelito estalló en llanto, echando quejidos abrasadores. Tanto así que mis padres, sobresaltados, se levantaron de la cama creyendo que la estufa había explotado y la casa se estaba incendiando. Cuando bajaron a la cocina se enceguecieron, pues mi cabeza, que sonaba como una olla a presión, echaba humo como un tren. Todo el piso estaba cubierto por brumas negras. Miguelito no dejaba de llorar y, tras de eso, todo el piso se había inundado, el agua llegaba hasta la cintura. Mi madre corrió a buscar un balde con agua para apagar el incendio provocado por mi cabeza y mi padre corrió al patio en busca de una motobomba para desinhundar el lago provocado por el desbordado llanto de Miguelito. 



Ni papá encontró la motobomba ni mamá encontró el balde con agua. Supe entonces que el relato había rebosado el límite de la fantasía invadiendo la propia realidad y afectando la vida misma. No no no podía seguir contando esas historias de manera tan abierta, podía causar un daño atroz. Con la psiquis no se juega. Con los pies en el agua y la angustia en el fuego, recapacité. Esa fue la ùltima vez que habría de contarle mis más íntimas, preciadas, peligrosas faenas interiores a un niño de 8 años que no le interesa y sin tomar las debidas precauciones.


miércoles, 12 de agosto de 2015

EL MITO DE LA CAVERNA



                 


Conocerán, pues, mi intimidad. Mi nombre es Afat , soy dios de un todo, creo, pero rey de la nada. Tampoco se nada de mi creador. Existo, pero solo para mi, estoy atrapado en mi mundo y de el no puedo salir. Anhelo algún día poder hacerlo. Mi cuerpo es mi todo, ese todo lo constituyen los cuatro elementos de la naturaleza: Aire, fuego, agua y tierra. Por lo que puedo hacer de mi cuerpo un antojo, un pasatiempo; como cubrir tierras con océanos o incendiar montañas. En ultimas piensen en mí como un dios fauno, si es de su acomodo.


                


Pero al fin y al cabo no soy más que un solitario y gigantesco cuerpo. Acá en mi mundo siempre es de noche y el sol ya esta reservado para otros. A veces pienso que soy muy feo y tal vez por eso es que al sol le repugno, aunque nunca le he preguntado ya que siempre esta ocupado con la luna o iluminando otros mundos. 


                

La luna, oh hermosa deidad fuente de toda belleza, la amo en mi silencio, pero cuando se me acerca me le alejo ya que temo espantarla con mi oscura fealdad. 

                 

Mi mente, si es que tengo, no es más que una gran bruma de dudas que viajan juntas en lo etéreo, luego se dispersan en el aire y finalmente encuentran su espacio en una gran caverna (mi ombligo). Si, esa enorme caverna me pertenece y hace parte de mi, ahh, pero es muy ajena. Estoy atrapado en ella y ella esta atrapada en mí. Es cierto, aquellas extrañas criaturas que la habitan nunca han querido salir, tampoco se han puesto a mi descubierto, ni siquiera para hablar conmigo ni presentarse, me ignoran, y yo, solo quiero ser su amigo. 

               



Mientras tanto las dudas salen de esa extraña caverna en forma de niebla y ahogan al viento, siento como me estrangulan al tiempo que cubren por completo mi cuerpo al punto de hacer de mi mundo un inmenso paisaje macabro lleno de sombras que me atormentan. Son una pesadilla, interminable y siniestra, mis dudas, el solo pensar con que tipo de criaturas están viviendo con mi cuerpo, que se esconden bajo esta misteriosa caverna.. Que pasaría si llegase el momento de que a una de ellas le de por salir a conocer lo que hay afuera y le disguste lo que ve?, que pasaría si ese extraño ser, al salir de la cueva sienta ese denso aire de pesadumbre y soledad? Le causaría lastima o miedo? Si nadie toma la iniciativa, alguien en algún momento, en alguna circunstancia, tendrá que hacerlo…


              



Una noche (es ridículo porque no puede ser de día en mi mundo), mientras soñaba que jugaba a espantar estrellas con mi monstruosa oscuridad, la luna me sorprendió de frente con su hermosa y blancuzca luz.

-¿Por qué te muestras tan tímido ante mis ojos pequeño?-Preguntó la Luna con un tono tan angelical que dentro de mi nerviosismo, sentía el violento estremecimiento de las montañas y las bruscas tormentas de los océanos. 


               

-Quiero que sepas que yo no te voy a hacer daño -me dijo suavemente- he venido a salvarte, te ayudare a escapar de esa caverna que solo esta en tu cabeza, borra ya tus miedos y sal.


En ese momento yo no la miraba y me limitaba a escucharla al tiempo que me cubría mi rostro por miedo a espantarla.


             

-Pequeño, mírame, -continuó-tu no me das miedo, tampoco eres feo, se que los demás te rechazan, pero yo no. Eres distinto y eso lo se. Solo quiero confesarte algo muy íntimo, la verdad que los demás no conocen ni nunca conocerán.

Justo cuando escuche la palabra “verdad”, los mares en mi conciencia comenzaron a sosegarse pero los volcanes lentamente expulsaban lava rojiza de mi cuerpo. Supongo que ella se dio cuenta.

              

-Mírame pequeño, aventúrate, toma la iniciativa, abrázame y deja que tus más sentidas lágrimas te sirvan de consuelo.


Eso fue lo que hice. No lo niego, fue un camino largo y escabroso. Hice hasta lo imposible por que mi voluntad no se negara, y justo antes de la salida del camino, pude percibir como la luz de su preciado rostro se hiba aclarando de forma increible ante mis ojos; Oh, cuanta belleza y cuanta verdad estaba siendo contemplada por primera vez; justo en esa circunstancia, justo en ese momento…


              


Y amarrado en un abrazo la mire fijamente, perdiéndome en las profundidades mas oníricas de sus ojos resplandecientes. 


De pronto, todo paso en un instante, sentí como mi mundo anterior era reemplazado parcialmente por otro. Al imponente resplandor de su mirada le tomó solo un instante frágil para asesinar las tinieblas, mis miedos. Se transformo en el sol de mi mundo. 


             

En mi cuerpo, todo se comenzó a aclarar, la bruma de dudas se desvaneció de improviso, podía observar los colores de la naturaleza como nunca antes los había apreciado; las nubes, el viento, las montañas, la melodía de los pájaros, y el sol (su mirada) claro. 


Todo era nuevo para mí. Finalmente, con un beso apasionado entendí su mensaje, ese mensaje que había estado oculto desde antes de la existencia y que siempre había estado allí, la verdad pura, era ella. Ella fue el sol que siempre le había correspondido a mi oscuro mundo. 



               



Siempre supe que era diferente a esas extrañas criaturas que me rodeaban. Ahora soy alguien que ha salido de la caverna, he vencido a la oscuridad y ha superado las brumas de tanta falsedad. Cuando me encontré con ella, pase de la mentira a la verdad, del mundo tangible y oscuro a un mundo iluminado y soñado, al mundo ideal.